Por Natali Monterrosa
Un rasgo indiscutible del viajero privilegiado es seguir su propia brújula…

Y, para algunos, esta apunta al deporte de élite: la Fórmula 1, los Grand Slams, los majors de golf y los grandes premios hípicos. En la cúspide de ese universo, encuentras el deporte de los reyes: el polo.
En las Américas, solo dos destinos reúnen al círculo más exclusivo del polo: Wellington, en Palm Beach, y Palermo, cuna indiscutida del polo argentino en Buenos Aires. Hasta allí llegan los aficionados más selectos y celebridades de todo el mundo, que no solo vienen a ver el juego, sino a vivir la experiencia completa del polo. Para los verdaderos fans, esa sola razón basta para emprender el viaje y vivirlos.
Wellington, Palm Beach y su sello argentino
A poco más de una hora de Miami, Wellington, emerge en el corazón del afamado Palm Beach como un refugio inesperado. Llegar hasta allí es entrar en un oasis ecuestre en cualquier época del año, pero, llegar durante el invierno del hemisferio norte hacia finales de diciembre, ves cómo se convierte en la capital mundial del polo.
Por unos meses, ese sur de la Florida deja de serlo para convertirse en un fragmento de Argentina galopando bajo el sol. Llegan los mejores clubes, los mejores equipos que han definido la historia del deporte, y con ellos una forma de vivirlo. A la vera de la cancha, entre mates que humean, botas marcadas por la arena y caballos en calma, el acento rioplatense se mezcla con la brisa atlántica. Y en ese cruce de mundos, la nostalgia encuentra su lugar y la temporada su pulso.
En pleno circuito de polo, Wellington ofrece un espectáculo que seduce por igual a habitués y a quienes llegan por primera vez. Cada domingo es una escena de elegancia coreografiada, en donde las bombachas de campo conviven con vestidos de verano y por supuesto copas de champagne al borde de la cancha. Entran en la escena los aficionados, figuras del arte, empresarios y celebridades que se reúnen para presenciar algunos de los torneos más prestigiosos.
Detrás de esa postal en Wellington hay una logística extraordinaria. Desde Argentina viajan los jugadores, los petiseros, los caballos – en fin, equipos completos, trasladando con ellos un ecosistema entero que hace posible que el mejor polo del mundo se juegue también en suelo americano. No es casualidad: se trata del circuito más importante de Estados Unidos, con una agenda que comienza a fines de diciembre y se extiende este año, hasta el 3 de mayo de 2026. El epicentro es el National Polo Center, escenario de los grandes domingos, con el tradicional divot stomp, el brindis en el entretiempo y el after polo que se extiende hasta la caída del sol.


Los momentos culminantes de la temporada son:
- La final C.V. Whitney Cup
- La final USPA Gold Cup
- La final del U.S. Open Polo Championship – siendo este el evento de polo más prestigioso en Estados Unidos.
Como ven, hay varios torneos para rendirse a su encanto.
Lejos de la intensidad del partido, la escena continúa con un marcado pulso argentino. Durante la semana, entre prácticas y rutinas, los jugadores transforman los espacios cotidianos en puntos de encuentro. Las conversaciones migran entonces hacia restaurantes donde la carne llega a la mesa en su punto exacto, la provoleta se comparte casi como un ritual junto al Malbec marcando el ritmo de las sobremesas largas.
Y esa es gran parte del encanto de Wellington, a diferencia de otros destinos del calendario internacional, allí todo sucede cerca: los campos, las casas, los restaurantes y los clubes. ¡Esa proximidad crea una atmósfera íntima en donde las grandes figuras del polo circulan con una naturalidad y donde un encuentro casual puede convertirse en una anécdota de viaje inolvidable!
Palermo, un viaje con aires de polo
La variedad que encuentras al visitar Palermo en Buenos Aires es parte de su encanto, pues reúne varios destinos en uno, como, la elegancia de Palermo Chico, el pulso creativo de Palermo Soho, las mesas vibrantes de Palermo Hollywood y Las Cañitas, no sin olvidarnos del su pulmón verde con Palermo Botánico o el estilo clásico de Palermo Viejo, entre otros.
Pero para los viajeros y verdaderos aficionados al polo, Palermo no es solo un barrio ecléctico de Buenos Aires: ¡es la meca del polo!
El peregrinaje siempre lleva al Campo Argentino de Polo. Inaugurado en 1928, este templo deportivo, con capacidad para unos 16.000 espectadores, es conocido, con la absoluta precisión, como La Catedral del Polo. No hay otro escenario que concentre tanta historia, ni donde el ritual se viva con la misma intensidad.

Llegar hasta allí en pleno Abierto Argentino de Polo, también conocido como el Palermo Open, es presenciar el torneo más importante del planeta y el capítulo final de la Triple Corona, junto con Tortugas y Hurlingham. Es vivir la euforia del polo rodeado de miles de fanáticos y ser parte de una tradición única: fundado en 1893, es además uno de los campeonatos más antiguos del mundo en cualquier disciplina deportiva.
Durante cinco semanas, entre noviembre y diciembre, Palermo se transforma en el epicentro del circuito internacional del polo. Compiten equipos de 40 goles de hándicap, lo que viene siendo el nivel más alto posible con los mejores jugadores del mundo, en su mayoría argentinos: el país concentra cerca del 80% de los polistas con hándicap perfecto (10 goles), una cifra que explica por qué esta tierra es, sin discusión, ¡la meca del alto polo!


Las tribunas del Campo Argentino de Polo son solo una parte del espectáculo. En los palcos se despliega un código de estilo propio: lino, gafas oscuras, sombreros Panamá, champagne frío y una coreografía social que mezcla polistas, familias tradicionales, celebridades y viajeros que saben exactamente dónde estar…en Palermo: donde el polo suma un aire inconfundible de sofisticación y que realza la grandeza indiscutible que define a Buenos Aires.
El after polo
La magia del polo no se desvanece cuando suena la campana del último chukker; apenas se transforma.
Ya sea en Wellington, en Palermo o en las canchas más legendarias de Europa, el after polo es un ritual imprescindible de este deporte. Un escenario donde el uniforme permanece puesto y los pantalones blancos, marcados por la intensidad del partido, se convierten en una condecoración silenciosa…

Las copas se alzan, las fotos se multiplican y la celebración honra no solo el resultado, sino también ese arte sofisticado de vivir el polo, pero sobre todo al espíritu y el esfuerzo de cada equipo, de las familias y de cada club.
Dicen quienes conocen este circuito que no hay un after comparable al de Palermo.
Tal vez sea por el legado que se respira, por los linajes familiares argentinas que han hecho del polo su vida, o por los aficionados que se vienen desde las tribunas, hasta quienes los atienden en el after, el ambiente del polo en Palermo está vivo, palpable, y es imposible no sentirlo…
A pocos pasos de La Catedral del Polo, los Bosques de Palermo no solo protagonizan, prolongan la tarde entre lagos espejados y avenidas arboladas, mientras Las Cañitas se revela como su salón natural: terrazas abiertas, alta cocina, coctelería de autor y una vida nocturna vibrante, donde las jugadas memorables se narran una y otra vez.
Vivir el after polo en Palermo durante la temporada alta es mucho más que presenciar el torneo más prestigioso del mundo: es vivir una experiencia paralela y adentrarse en una liturgia de elegancia, tradición y excelencia deportiva en su máxima expresión: ¡dejando huella en quienes la viven!





