Una investigación científica internacional confirmó la presencia de agrotóxicos en el aire, el agua y en las personas del campo y la ciudad

Una investigación científica internacional de gran escala confirmó un dato alarmante: todas las personas analizadas presentaban restos de agrotóxicos en su organismo, independientemente de si viven en zonas rurales o urbanas. El estudio, conocido como Proyecto Sprint (Transición Sostenible de Protección Vegetal), se desarrolló durante cinco años y abarcó once países, entre ellos la Argentina.

El trabajo fue impulsado por la Unión Europea y reunió a universidades y especialistas de Argentina, Francia, España, Portugal, Italia, Países Bajos, Suiza, Dinamarca, República Checa, Croacia y Eslovenia. Sus conclusiones constituyen una prueba contundente del impacto del modelo agroindustrial en la salud humana y el ambiente, y alertan sobre la urgente necesidad de reducir el uso de plaguicidas.

En el caso argentino, los muestreos se realizaron en el sudeste de la provincia de Buenos Aires y arrojaron resultados especialmente preocupantes. Todas las personas testeadas tenían glifosato en su cuerpo, tanto quienes viven en el campo como quienes habitan ciudades. Además, los niveles detectados —y especialmente los “cócteles” de agroquímicos— fueron muy superiores a los registrados en Europa.

Entre las sustancias encontradas en personas, aire, agua, suelos y alimentos figuran herbicidas como glifosato y su metabolito AMPA, atrazina, metolacloro y 2,4-D; insecticidas como fipronil, imidacloprid y cipermetrina; y fungicidas como tebuconazol, todos ellos con riesgos comprobados para la salud y el ambiente.

El proyecto analizó muestras de sangre, orina, materia fecal, aire, agua, suelo, alimentos, polvo domiciliario y animales, y utilizó pulseras especiales para medir la exposición cotidiana. En algunos casos, se detectó la exposición a hasta 173 plaguicidas distintos, muchos de ellos potencialmente cancerígenos y disruptores endocrinos.

La coordinadora general del proyecto, Violette Geissen, advirtió que el principal problema es que los plaguicidas se evalúan de forma aislada, cuando en la realidad las personas están expuestas a mezclas complejas:

“No basta con analizar una sustancia en un laboratorio. Debemos observar cómo se comportan las mezclas reales en condiciones reales y cómo se acumulan con el tiempo”, señaló.

Uno de los puntos más sensibles del informe es la situación institucional en Argentina. El INTA, que representaba al país en el consorcio científico, abandonó el proyecto en 2023 sin comunicar oficialmente los resultados sobre la presencia de agrotóxicos en personas y en el ambiente. Según denunciaron participantes del estudio, esta decisión dejó sin respuesta sanitaria ni protección a comunidades expuestas.

Iván Villareal, uno de los 73 voluntarios argentinos, afirmó que en su cuerpo se detectaron agrotóxicos en sangre, orina y materia fecal, pese a no utilizarlos:

“Respiramos venenos todos los días y parece no importarle a nadie. Tenemos escuelas fumigadas a diez metros”, denunció.

El Proyecto Sprint concluye que los actuales estándares de control son insuficientes, especialmente para proteger a bebés, niños y poblaciones vulnerables, y advierte que la exposición crónica, incluso en dosis bajas, puede generar daños severos a largo plazo, incluyendo alteraciones hormonales, del sistema inmunológico y del microbioma intestinal.

Finalmente, los investigadores sostienen que un cambio de modelo productivo es urgente y posible, y destacan que las prácticas agroecológicas no solo reducen la contaminación, sino que también pueden ser económicamente viables, especialmente con apoyo estatal.

El informe, presentado públicamente en Bruselas, deja una advertencia clara: los agrotóxicos están en todas partes —en el ambiente, en los alimentos y en los cuerpos— y su impacto ya no puede ser ignorado.



Fuente: agenciatierraviva.com.ar