“Estuve muerto durante 40 minutos”: la historia de Patrick Charnley y el giro radical que dio a su vida

Lo que comenzó como una noche cualquiera terminó convirtiéndose en una experiencia límite que transformó para siempre la vida de Patrick Charnley. En 2021, en plena pandemia, este abogado corporativo de alto nivel, de 39 años y padre de dos hijos, sufrió un paro cardíaco que lo dejó clínicamente muerto durante 40 minutos.

Patrick Charnley despertó de un coma con una lesión cerebral que cambió su perspectiva de la vida.

Acostumbrado a jornadas extenuantes y a considerar el descanso como “tiempo perdido”, Patrick trabajaba sin pausa persiguiendo el éxito profesional. Pero aquella noche, mientras cenaba en el sofá con su familia, se desplomó repentinamente. Una enfermedad hereditaria hizo que su corazón se detuviera.

Su esposa comenzó de inmediato maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP), mientras sus hijos, de nueve y siete años en ese momento, salían a buscar ayuda. Los paramédicos intentaron desfibrilarlo sin éxito. Cuando la situación parecía irreversible, recurrieron a inyecciones de adrenalina como último recurso. Finalmente, tras múltiples descargas eléctricas, su corazón volvió a latir.

Una semana en coma y un despertar inesperado

Patrick permaneció una semana en coma. Cuando despertó, nada era igual.

“Desperté ciego”, recuerda. La falta de visión desencadenó intensas alucinaciones, un fenómeno conocido como síndrome de Charles Bonnet, en el que el cerebro “reemplaza” la información visual perdida. Algunas experiencias fueron aterradoras; otras, sorprendentemente hermosas. En una de ellas, se imaginó en un sanatorio en los Alpes, contemplando montañas nevadas, sintiendo una profunda paz.

Con el tiempo, los médicos determinaron que sus problemas visuales estaban relacionados con una lesión cerebral. Aunque recuperó parcialmente la vista, aún la describe como “mirar a través de un telescopio”. Las pruebas cognitivas iniciales lo ubicaron en el 2% más bajo en memoria y velocidad de procesamiento. Si bien ha mejorado notablemente, todavía enfrenta dificultades para retener información inmediata.

El duelo por la vida anterior

El verdadero impacto se hizo evidente al regresar a casa. La fatiga crónica se convirtió en una constante: “Nunca me despierto sintiéndome renovado. Me despierto agotado todos los días”, explica.

También atravesó una etapa de apatía profunda. No era exactamente depresión, sino una sensación de desconexión, como “flotar en el tiempo”. Con terapia y medicación logró recuperar motivación y aceptar que debía hacer duelo por la vida que había perdido.

Reconoce que extraña su antigua energía, la espontaneidad y la posibilidad de participar activamente en la vida social y profesional. También siente que su esposa ha asumido el rol de su memoria, acompañándolo en el día a día. “La verdad es que ella es mi cuidadora”, admite.

Una nueva perspectiva

Sin embargo, pese a las limitaciones, Patrick asegura que no cambiaría lo ocurrido.

Dejó su carrera como abogado y se convirtió en escritor. Hoy vive a un ritmo más lento, no por elección, sino por necesidad. Y en esa lentitud encontró algo que antes no tenía: presencia.

“Veo la belleza de las cosas mucho más que antes… Siento que vivo una existencia mucho más plena al ser más lento”, afirma.

Su relación con su familia también se fortaleció. Disfruta estar en casa cuando sus hijos regresan del colegio, compartir tiempo sin prisas y reírse juntos de las particularidades de su nueva realidad.

“Lo más importante para mí siempre ha sido mi familia, pero ahora puedo entregarme mucho más a ellos. Antes vivía casi en la superficie”, reflexiona.

Tras haber estado clínicamente muerto durante 40 minutos, Patrick Charnley no habla de una segunda oportunidad en términos épicos, sino cotidianos: más tiempo, más presencia y más gratitud. “Me siento agradecido de estar vivo”, concluye.

Fuente: BBC Mundo