Menos hacienda y fuerte demanda externa: las claves detrás del aumento de la carne

El reciente incremento en el precio de la carne bovina responde, principalmente, a una marcada restricción de la oferta. Durante el período 2024–2025 se registró una caída del stock ganadero, lo que derivó en una menor disponibilidad de terneros, novillos y vaquillonas para faena. Esta situación impactó directamente en el volumen de animales enviados al mercado y, en consecuencia, en los valores finales.

Uno de los factores determinantes fue la sequía de 2023, que deterioró las condiciones productivas y forzó ventas anticipadas de hacienda. Esa liquidación redujo el stock disponible para los ciclos siguientes, afectando la capacidad de recuperación del rodeo. A esto se sumó la ausencia de políticas públicas orientadas a recomponer existencias y mitigar los efectos de los shocks climáticos, lo que profundizó las dificultades para una recuperación sostenida.

Las inundaciones registradas en 2024 y 2025 reforzaron el proceso contractivo, generando nuevas ventas anticipadas, caída en las existencias y deterioro de los índices de preñez. Además, el mal estado de los caminos rurales agregó restricciones logísticas, elevó costos y complicó el traslado de hacienda, contribuyendo a una menor oferta efectiva en los mercados concentradores.

En paralelo, la demanda internacional se mantuvo firme y absorbió una porción relevante de la producción local, especialmente de animales pesados. Los altos precios externos funcionaron como referencia para el mercado interno, trasladándose al valor del ganado gordo y, por arrastre, a los cortes destinados al consumo doméstico.

Si bien el maíz es un insumo importante dentro del esquema productivo, su incidencia en el costo total de la hacienda es acotada y no alcanza por sí sola para explicar la suba reciente. En este contexto, el aumento del precio de la carne se explica fundamentalmente por la restricción de la oferta, los impactos climáticos acumulados y la firmeza de la demanda externa.