Salir de lo desconocido para crecer: la mirada de Mario Alonso Puig sobre el miedo, la fe y la transformación

En tiempos donde la incertidumbre forma parte de la vida cotidiana, el médico y conferencista Mario Alonso Puig propone una reflexión profunda: lo desconocido, lejos de ser una amenaza, puede convertirse en una de las mayores oportunidades de crecimiento personal.

Según explica, las personas suelen moverse dentro de una “zona conocida”, un espacio de comodidad donde todo resulta previsible. Sin embargo, cuando alguien decide salir de ese lugar —ya sea por decisión propia o por circunstancias externas— ingresa en un terreno incierto, lleno de posibilidades, pero también de dudas. Es en ese momento donde aparece lo que él denomina una “zona de hundimiento”, caracterizada por sensaciones de inseguridad, miedo, confusión y cuestionamientos internos.

En esa etapa, muchas veces la persona siente que no avanza, que todo se vuelve más difícil y que no hay una salida clara. Sin embargo, Puig sostiene que este proceso es natural y necesario. Es una fase de transición que, si se logra atravesar, conduce a una nueva etapa: la zona de crecimiento y evolución, donde emergen aprendizajes, fortalezas y nuevas oportunidades.

Una de las preguntas que plantea el especialista es: ¿por qué una persona sigue caminando cuando no ve la salida del túnel? La respuesta, según su mirada, está en un cambio interno profundo. Cuando alguien deja de estar dominado por el miedo y comienza a apoyarse en la fe —entendida no necesariamente en un sentido religioso, sino como confianza en que algo valioso puede surgir— se produce una transformación. Es la creencia de que incluso en medio del dolor y la incomodidad, algo nuevo y positivo puede emerger.

Este proceso también tiene una explicación desde la biología. El estrés y la sensación de amenaza activan en el cuerpo la liberación de cortisol, una hormona que prepara al organismo para reaccionar ante el peligro, pero que, en exceso, puede generar ansiedad, bloqueo mental y agotamiento.

Frente a esto, existe una hormona clave que ayuda a contrarrestar ese estado: la oxitocina. Conocida como la “hormona del vínculo”, la oxitocina tiene la capacidad de reducir los niveles de estrés, generar sensación de calma y fortalecer la confianza. Es fundamental en los procesos de conexión humana, ya que se libera a través del contacto físico, los vínculos afectivos, los gestos de empatía y también en momentos de gratitud o solidaridad.

La importancia de la oxitocina radica en que permite al cerebro salir del estado de alerta constante y abrirse a nuevas posibilidades. En otras palabras, ayuda a la persona a dejar de reaccionar desde el miedo y empezar a actuar desde la confianza. Esto resulta clave para atravesar la “zona de hundimiento” y avanzar hacia el crecimiento.

Generar oxitocina es posible a través de acciones simples pero poderosas: compartir tiempo con seres queridos, dar y recibir abrazos, practicar la empatía, realizar actos de ayuda desinteresada, meditar o incluso conectar con pensamientos positivos. Estas prácticas favorecen un estado emocional más equilibrado y fortalecen la resiliencia.

De esta manera, el mensaje es claro: aunque lo desconocido pueda generar temor, también es el espacio donde nacen las oportunidades. Atravesar la incomodidad, confiar en el proceso y apoyarse en los vínculos puede ser la clave para transformar el miedo en crecimiento y evolución.