Alejandro Schujman en María Juana: el desafío de criar a los hijos en tiempos de pantallas

Foto: Prensa Comuna María Juana

Antes de la charla que brindó en la Sociedad Italiana de María Juana, organizada por la Cooperativa “Manos a la Obra” de la EESOPI N.º 8143 José Manuel Estrada, dialogamos con el psicólogo Alejandro Schujman sobre los desafíos actuales de la crianza y la importancia de recuperar y fortalecer los vínculos entre padres e hijos.

Bajo el título “Padres, no pares”, el especialista propuso reflexionar sobre el rol de los adultos en la vida de los niños y adolescentes, haciendo hincapié en cuánto necesitan los más chicos la presencia, la escucha y el acompañamiento de sus padres durante las distintas etapas de su crecimiento.

Uno de los ejes centrales de la conversación fue el uso de las pantallas en la vida cotidiana y cómo, en algunas ocasiones, los dispositivos tecnológicos terminan ocupando el lugar de la atención, el afecto y el tiempo compartido que necesitan los hijos. En este contexto, Schujman invitó a los adultos a revisar sus hábitos y a preguntarse cuánto espacio se les dedica a los vínculos familiares en medio de las exigencias diarias.

Durante la entrevista, también se abordó la preocupación por la salud mental de niños y adolescentes, en un escenario en el que la exposición permanente a las pantallas y el uso problemático de la tecnología pueden relacionarse con dificultades emocionales, ansiedad y comportamientos compulsivos.

El psicólogo destacó la necesidad de que los adultos vuelvan a ocupar un lugar activo en la crianza, estableciendo límites, acompañando las emociones y generando espacios de diálogo que permitan construir relaciones de confianza.

La propuesta de “Padres, no pares” invita a reflexionar sobre una cuestión fundamental: los hijos necesitan adultos presentes, capaces de orientar, escuchar y sostener, incluso cuando ese acompañamiento implica poner límites o afrontar conversaciones difíciles.

La charla en María Juana dejó planteado un desafío para las familias: recuperar el valor del tiempo compartido y comprender que ninguna pantalla puede reemplazar la presencia afectiva de un adulto en la vida de un niño.