En un contexto donde el reciclaje tradicional resulta insuficiente frente al avance de la contaminación, desde el Instituto de Desarrollo Tecnológico para la Industria Química (INTEC, UNL-CONICET) surge una alternativa que cambia el paradigma. La Dra. Elangeni Gilbert lidera un proyecto de “upcycling” o suprarreciclaje capaz de desintegrar químicamente plásticos complejos, como los policarbonatos, para recuperar sus componentes originales con alto grado de pureza.

El desarrollo permite transformar residuos plásticos —incluso microplásticos— en insumos de alto valor para la industria farmacéutica, cosmética, veterinaria y de nuevos materiales, reduciendo la dependencia de materias primas derivadas del petróleo y mitigando riesgos ambientales. La investigación, que ya recibió premios internacionales, se lleva adelante junto a un equipo integrado por Luisina Bressán, Santiago Vaillard, Diana Estenoz y Laureana Soria.
Cuando el reciclaje mecánico no alcanza
La producción masiva de plástico, iniciada en 1907, alteró en pocas décadas equilibrios naturales que a la Tierra le llevó millones de años consolidar. “Lo que estaba enterrado como carbono en forma de petróleo lo sacamos y lo usamos en casi todos los aspectos de nuestra vida cotidiana”, advierte Gilbert.
El problema del reciclado mecánico tradicional —triturar y fundir— es que degrada progresivamente el material. En cada ciclo pierde propiedades y calidad. Frente a esto, el equipo santafesino propone una solución de fondo: el reciclado químico.
Desarmar la molécula para crear valor
La innovación consiste en aplicar un proceso de depolimerización. Es decir, “romper” químicamente la macromolécula del plástico para volver a obtener moléculas pequeñas y puras, los “ingredientes” originales. A diferencia del reciclado convencional, aquí el resultado tiene mayor valor agregado.
Mediante técnicas como la Resonancia Magnética Nuclear, el equipo certifica la pureza química del material recuperado. Así, lo que antes era residuo se convierte en materia prima reutilizable en industrias estratégicas.
El desafío del Bisfenol A
Actualmente, la investigación se enfoca en el policarbonato de Bisfenol A (BPA), presente en bidones de agua, CDs y otros productos rígidos. Cuando estos materiales se degradan, liberan BPA, un compuesto que puede alterar el equilibrio hormonal por su similitud estructural con los estrógenos.
Al depolimerizar el plástico, se evita que el BPA termine filtrándose en basurales o cursos de agua y se recupera de forma controlada para nuevos usos industriales, reduciendo así su impacto ambiental y sanitario.
Tecnología exportable y con proyección industrial
A diferencia de otros métodos internacionales que requieren microondas o altas presiones, el equipo del INTEC desarrolló un catalizador que logra conversiones totales en tiempos cortos y a temperaturas medias, lo que mejora la viabilidad económica del proceso.
El avance le valió a Gilbert la Distinción Franco-Argentina en Innovación y despertó el interés de investigadores y empresas de Estados Unidos, Arabia Saudita y España. El proyecto cuenta con financiamiento de la Agencia Santafesina de Ciencia, Tecnología e Innovación y de la Universidad Nacional del Litoral.
Además, la metodología es escalable a nivel industrial, no se limita a ensayos de laboratorio. “Es ver la basura como si fuera una mina de productos”, resume la científica.
La traba: la mala clasificación de residuos
Sin embargo, el principal obstáculo hoy no es científico sino logístico: la deficiente separación de residuos en origen. Conseguir policarbonato para investigación fue complejo y costoso ante la falta de un circuito de recuperación específico.
Sin una clasificación eficiente, esa “mina de oro” molecular termina enterrada en rellenos sanitarios. A futuro, el equipo proyecta desarrollar procesos selectivos que permitan reciclar distintos tipos de plásticos de manera secuencial, avanzando hacia una verdadera economía circular con sello santafesino.
Fuente: Diario El Litoral





