Este martes se conmemora el Día Mundial de Lucha contra la Depresión, una fecha destinada a visibilizar una de las problemáticas de salud mental más extendidas y, al mismo tiempo, más silenciadas de la actualidad. La depresión afecta a personas de todas las edades y contextos sociales, impactando de manera profunda en la calidad de vida, los vínculos y el desarrollo personal.

En los últimos años, distintos estudios científicos comenzaron a aportar nuevos datos que ayudan a comprender mejor los factores que influyen en el aumento de los cuadros depresivos, especialmente en adolescentes y jóvenes, en un contexto marcado por la hiperconectividad permanente.
Conectividad constante y salud mental: lo que dicen los nuevos estudios
Un paper de referencia elaborado por Costello et al. ya advertía sobre el aumento sostenido de los trastornos depresivos en adolescentes y su vínculo con cambios sociales, ambientales y tecnológicos. Esa línea de investigación fue reforzada recientemente por un nuevo estudio publicado en PNAS Nexus (2025), que confirmó la hipótesis central del Digital Withdrawal Study (DWS): la conexión digital permanente actúa como un depresor del sistema nervioso.
El estudio analizó a personas que redujeron de manera significativa el uso del teléfono móvil, particularmente mediante el apagado de los datos móviles durante varias horas al día. Los resultados fueron contundentes: se observaron mejoras en el estado de ánimo, la concentración, el descanso y la percepción de bienestar general, con efectos que en algunos casos fueron iguales o incluso superiores a los logrados con tratamientos farmacológicos antidepresivos.
Los investigadores destacaron que no se trata de demonizar la tecnología, sino de repensar el uso constante e ininterrumpido, que mantiene al sistema nervioso en un estado de alerta permanente y favorece el agotamiento emocional.
Depresión en adolescentes: una enfermedad frecuente y difícil de detectar
La depresión en adolescentes es una enfermedad frecuente y grave que puede afectar hasta al 5% de los jóvenes, aunque muchos especialistas advierten que la cifra real podría ser mayor. Según explicó la Dra. Valeria El Haj, la prevalencia estimada se ubica entre el 3,4% y el 5%, pero en numerosos casos el diagnóstico se retrasa porque los jóvenes no logran expresar lo que sienten o no se animan a pedir ayuda por miedo, vergüenza o falta de comprensión.
A diferencia de lo que suele creerse, la depresión en esta etapa no siempre se manifiesta con tristeza evidente. Puede presentarse a través de irritabilidad constante, enojo, aislamiento, bajo rendimiento escolar, cambios en el sueño o la alimentación, quejas físicas frecuentes o abandono de actividades que antes resultaban placenteras. “El dolor emocional está presente, aun cuando no se exprese con palabras”, advierten los especialistas.
El impacto en la vida cotidiana y la importancia de la detección temprana
Para quienes atraviesan un cuadro depresivo, incluso las tareas más simples pueden sentirse imposibles. “Levantarse de la cama, concentrarse o hablar con alguien puede vivirse como un esfuerzo enorme”, explicó la directora médica nacional de Ospedyc. Por eso, remarcan que no se trata de falta de voluntad, sino de una enfermedad de origen multifactorial, en la que influyen factores biológicos, emocionales, familiares y sociales.
La presión académica, la autoexigencia, la comparación constante en redes sociales, el bullying y los conflictos familiares pueden actuar como desencadenantes. En este sentido, la escuela suele ser uno de los primeros espacios donde aparecen las señales, y el trabajo conjunto entre familias, instituciones educativas y el sistema de salud resulta clave para intervenir a tiempo.
Consulta médica y tratamientos disponibles
La consulta médica es un pilar fundamental. El primer contacto suele darse con el pediatra o un médico de atención primaria, quien evalúa los síntomas y, cuando es necesario, deriva a profesionales de salud mental. Los tratamientos con mayor evidencia científica incluyen:
- Terapias psicológicas.
- Medicación, en algunos casos y siempre indicada por profesionales especializados.
La recuperación no es inmediata, pero es posible con acompañamiento, continuidad y sostén.
Depresión en adultos mayores: una realidad subdiagnosticada
La depresión en la vejez continúa siendo una condición frecuentemente subdiagnosticada. Según explicó Emilce Schenk, coordinadora del Equipo Psicosocial del Centro Hirsch, en las personas mayores suele expresarse a través de síntomas físicos como dolor crónico, fatiga o trastornos del sueño, que muchas veces se interpretan erróneamente como parte normal del envejecimiento.
Desde los centros especializados remarcan que la depresión no es parte normal de la vejez y que se trata de una condición médica tratable. La soledad y el aislamiento social juegan un rol central. “La soledad es una experiencia subjetiva de desconexión emocional, mientras que el aislamiento social es la ausencia objetiva de vínculos”, explicó la psicóloga Sofía Skrobak. En esta etapa, se duelan no solo personas queridas, sino también el cuerpo, la autonomía y los proyectos.
Concientizar para cuidar
En el marco del Día Mundial de Lucha contra la Depresión, especialistas coinciden en la necesidad de escuchar sin prejuicios, mirar cada etapa de la vida con mayor empatía y promover espacios de diálogo y acompañamiento. La salud mental es parte integral de la salud, y hablar de depresión es el primer paso para derribar estigmas y acercar ayuda a tiempo.




