El Cusco argentino: la fascinante historia de El Shincal de Quimivil, la ciudad inca escondida en Catamarca

Cuando se habla del Imperio Inca, la mayoría piensa inmediatamente en Machu Picchu, en Perú. Sin embargo, pocos saben que en la provincia de Catamarca, a pocos kilómetros de la localidad de Londres, existe uno de los sitios arqueológicos más importantes de Sudamérica y considerado por numerosos especialistas como “el Cusco argentino”.

Se trata de El Shincal de Quimivil, una antigua ciudad construida hace más de 500 años por los incas y considerada la capital política, administrativa, militar y ceremonial del extremo sur del Tawantinsuyu, el gigantesco imperio que llegó a extenderse desde el sur de Colombia hasta el centro de Chile y el noroeste argentino.

Una ciudad levantada por el Imperio Inca

El Shincal fue construido aproximadamente entre 1470 y 1536, durante el reinado de los emperadores Túpac Inca Yupanqui y posteriormente Huayna Cápac, cuando el Imperio Inca atravesaba su período de mayor expansión territorial.

Antes de la llegada de los incas, la región ya estaba habitada por pueblos originarios pertenecientes a las culturas Aguada, Ciénaga, Saujil, Belén y los diaguitas-calchaquíes, que poseían un importante desarrollo agrícola, cerámico y religioso. Los incas no destruyeron esos asentamientos, sino que incorporaron a muchas de esas comunidades a su organización política y administrativa, transformando el lugar en una ciudad planificada según los principios urbanísticos del Cusco.

¿Por qué lo llaman “el Cusco argentino”?

El arqueólogo británico Ian Farrington, uno de los mayores especialistas en urbanismo inca, definió a El Shincal como el “Nuevo Cusco del Kollasuyu”, nombre que recibía la región sur del Imperio Inca.

No se trata solamente de una comparación simbólica.

La ciudad fue diseñada siguiendo el mismo modelo de planificación utilizado en la capital del imperio peruano.

Su distribución presenta una enorme plaza central, edificios administrativos, templos, depósitos para alimentos, viviendas, caminos perfectamente alineados y un complejo sistema hidráulico que abastecía de agua a toda la ciudad.

Un centro político, religioso y ceremonial

Los arqueólogos creen que El Shincal no era simplemente una ciudad donde vivía gente.

Era el gran centro desde donde el Imperio Inca gobernaba todo el actual noroeste argentino.

Desde allí se administraban los recursos, se organizaba el comercio, se cobraban tributos, se celebraban ceremonias religiosas y se planificaban las actividades agrícolas de toda la región.

Su enorme plaza principal, de unos 175 metros de lado, era el corazón de la ciudad.

En el centro se encontraba el Ushnu, una plataforma ceremonial de piedra donde se realizaban rituales religiosos, celebraciones oficiales y ceremonias dedicadas al Sol, la máxima divinidad del Imperio Inca.

Una ciudad llena de ingeniería

Las excavaciones arqueológicas descubrieron que El Shincal poseía un sorprendente nivel de planificación urbana.

Entre sus construcciones se destacan:

  • una inmensa plaza ceremonial;
  • más de cien recintos de piedra;
  • cinco grandes kallankas, edificios destinados a reuniones oficiales y alojamiento de autoridades;
  • alrededor de veinte collcas, enormes depósitos donde se almacenaban maíz, papas, quinoa y otros alimentos;
  • un sofisticado acueducto de piedra que llevaba agua hasta el centro ceremonial;
  • caminos internos conectados con el famoso Qhapaq Ñan, la red vial del Imperio Inca que recorría miles de kilómetros por Sudamérica;
  • dos cerros aterrazados con largas escalinatas utilizados para ceremonias vinculadas al culto solar.

La astronomía también era protagonista

Al igual que ocurría en Cusco y Machu Picchu, la ubicación de edificios, montañas y escalinatas no fue elegida al azar.

Diversas investigaciones sostienen que muchos sectores de El Shincal estaban alineados con los movimientos del Sol durante los solsticios y equinoccios, permitiendo desarrollar ceremonias relacionadas con el calendario agrícola y religioso del Imperio Inca.

El final del dominio inca

La ciudad fue ocupada por los incas hasta 1536, cuando el avance español comenzó a desarticular el Tawantinsuyu.

Sin embargo, El Shincal continuó siendo utilizado por las comunidades indígenas durante varias décadas y fue escenario de la resistencia de los pueblos diaguitas-calchaquíes frente a la conquista española, especialmente durante los levantamientos indígenas del siglo XVII.

Redescubrimiento y conservación

Aunque era conocido por pobladores de la zona, las investigaciones arqueológicas sistemáticas comenzaron durante el siglo XX y tomaron gran impulso gracias al trabajo del arqueólogo Rodolfo Raffino, quien estudió el sitio durante décadas y permitió comprender su verdadera importancia histórica.

En 1997, el Gobierno Nacional declaró a El Shincal Monumento Histórico Nacional, y posteriormente se realizaron importantes trabajos de restauración, conservación y puesta en valor que hoy permiten recorrer gran parte de la antigua ciudad.

Un destino turístico que sorprende

Actualmente, El Shincal de Quimivil es uno de los principales atractivos turísticos de Catamarca.

El sitio cuenta con un centro de interpretación, senderos señalizados, visitas guiadas y miradores desde donde se aprecia la magnitud de esta antigua capital incaica. Rodeado por las sierras y el paisaje del oeste catamarqueño, permite al visitante recorrer calles, plazas, escalinatas y construcciones que permanecen en pie desde hace más de cinco siglos.

Quienes lo visitan suelen coincidir en una misma sensación: caminar por El Shincal es viajar en el tiempo. Cada piedra, cada terraza y cada sendero recuerdan el paso de una de las civilizaciones más extraordinarias de América, que también dejó una huella profunda en el territorio argentino.

Mucho antes de la llegada de los españoles, el actual suelo catamarqueño fue escenario de una ciudad planificada con precisión, donde convivían el poder político, la ingeniería, la astronomía y la espiritualidad. Por eso, más de quinientos años después de su construcción, El Shincal de Quimivil continúa siendo uno de los mayores tesoros arqueológicos del país y un destino imperdible para quienes desean descubrir la historia más antigua de la Argentina.