Cada 17 de agosto, Argentina recuerda al general José de San Martín, una de las figuras fundamentales de la historia de nuestro país y de la independencia sudamericana. Su vida estuvo marcada por la formación militar, la estrategia, el sacrificio y, sobre todo, por la convicción de que la libertad no podía limitarse a un solo territorio.
San Martín nació el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, en la actual provincia de Corrientes, cuando el territorio formaba parte del Virreinato del Río de la Plata. Fue hijo de Juan de San Martín y Gregoria Matorras.

Siendo todavía un niño, su familia se trasladó a España. Allí comenzó su formación militar y desarrolló una extensa carrera en el ejército español, participando en diferentes campañas y adquiriendo una experiencia que años más tarde sería fundamental para las luchas independentistas americanas.
El regreso a América y la Revolución
En 1812, San Martín regresó al Río de la Plata y se puso al servicio de la revolución que había comenzado en 1810.
Ese mismo año creó el Regimiento de Granaderos a Caballo, una fuerza militar que se convertiría en una de las unidades más destacadas de las guerras de independencia.
Su primera gran intervención militar en estas tierras fue el Combate de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813, donde los Granaderos derrotaron a las fuerzas realistas.
Pero San Martín tenía una idea mucho más ambiciosa: comprendió que defender únicamente las fronteras de las Provincias Unidas no era suficiente. Para asegurar la independencia había que derrotar al poder español en su principal centro de operaciones sudamericano.
Así nació su Plan Continental: cruzar los Andes, liberar Chile y desde allí avanzar por mar hacia Perú.
La preparación del Ejército de los Andes
En 1814, San Martín fue designado gobernador intendente de Cuyo y se instaló en Mendoza.
Allí comenzó una enorme tarea de organización. Con apoyo de la población de Cuyo, formó y entrenó al Ejército de los Andes, reuniendo soldados, voluntarios, armamento, animales, alimentos y todo lo necesario para atravesar una de las cordilleras más imponentes del mundo.
La estrategia era arriesgada: cruzar los Andes por diferentes pasos, sorprender a las fuerzas realistas en Chile y recuperar la independencia de ese territorio. Posteriormente, la campaña continuaría hacia Perú.
En 1817, el Ejército de los Andes inició el histórico cruce de la Cordillera.
El cruce de los Andes y la liberación de Chile

El Ejército de los Andes atravesó la cordillera en enero de 1817. Después de superar enormes dificultades geográficas y climáticas, las tropas enfrentaron a los realistas en la batalla de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817.
La victoria abrió el camino hacia Santiago de Chile.
San Martín rechazó asumir el gobierno chileno y apoyó la designación de Bernardo O’Higgins como director supremo. Su objetivo no era conquistar territorios para sí mismo, sino contribuir a la independencia de los pueblos.
Un año después, el 5 de abril de 1818, las fuerzas patriotas obtuvieron una victoria decisiva en la batalla de Maipú.
Con Maipú quedó asegurada militarmente la independencia de Chile y San Martín pudo continuar con la segunda etapa de su Plan Continental.
El camino hacia Perú
Una vez asegurada la libertad de Chile, San Martín organizó una nueva expedición. Su próximo objetivo era Perú, considerado el principal bastión del poder español en Sudamérica.
El 20 de agosto de 1820, la expedición libertadora partió desde Valparaíso. En septiembre desembarcó en la bahía de Paracas y comenzó la campaña.
San Martín combinó acciones militares, diplomáticas y políticas para debilitar el poder realista.
Finalmente, el 10 de julio de 1821, ingresó en Lima. Días después, el 28 de julio, proclamó la independencia del Perú en la Plaza Mayor de la ciudad.
“Desde este momento el Perú es libre e independiente”, quedó asociado para siempre a aquel momento histórico.
San Martín asumió posteriormente el cargo de Protector de la Libertad del Perú. Durante su gobierno impulsó medidas destinadas a organizar el nuevo Estado, creó instituciones educativas y culturales y promovió medidas vinculadas con la libertad de los hijos de esclavos y la eliminación de tributos indígenas.
El encuentro con Bolívar
Pero la guerra por la independencia todavía no había terminado.
En julio de 1822, San Martín viajó a Guayaquil, donde mantuvo el histórico encuentro con Simón Bolívar, otro de los grandes libertadores de América.
Después de aquella reunión, San Martín decidió retirarse de la vida política y militar. Consideraba que la continuidad de su presencia podía generar divisiones y entendió que Bolívar estaba en mejores condiciones para continuar la campaña militar en el norte de Sudamérica.
Así, uno de los hombres más poderosos de la revolución decidió apartarse sin buscar convertirse en gobernante permanente.
El retiro y los últimos años
San Martín regresó a Europa y pasó sus últimos años alejado de la actividad política.
Vivió principalmente en Francia, acompañado por su hija Mercedes Tomasa, y mantuvo correspondencia con diferentes protagonistas de la política y la independencia americana.
Aunque permaneció lejos de América, siguió con atención los acontecimientos políticos de la región y defendió la soberanía de los pueblos americanos.
El 17 de agosto de 1850, a las 15 horas, José de San Martín murió en Boulogne-sur-Mer, Francia, a los 72 años.
Sus restos permanecieron en Francia durante décadas. Finalmente, en 1880, fueron trasladados a Buenos Aires y actualmente descansan en el Mausoleo de la Catedral Metropolitana.
Un legado que trascendió las fronteras
La importancia histórica de San Martín no se limita a la Argentina.
Su estrategia permitió avanzar decisivamente en la independencia de Argentina, Chile y Perú, y su Plan Continental formó parte de un proceso mucho más amplio que contribuyó a debilitar el dominio español en América del Sur.
San Martín fue, ante todo, un libertador y no un conquistador. No buscó construir un imperio personal ni quedarse con el poder de los territorios que ayudó a liberar.
Su gran proyecto fue continental: entendió que la independencia de las Provincias Unidas no estaría completamente asegurada mientras el poder español continuara instalado en otras regiones de Sudamérica.
Por eso, cada 17 de agosto no se recuerda solamente la muerte de un militar. Se recuerda a un hombre que tuvo una visión extraordinaria para su época: la libertad de América debía ser una tarea colectiva y trascender las fronteras de los nuevos países.
Su vida quedó ligada para siempre a una de las mayores epopeyas de la historia americana: cruzar los Andes, liberar Chile, llegar al Perú y contribuir decisivamente a cambiar para siempre el mapa político de Sudamérica.





