Los niños y adolescentes que desarrollan una buena condición física podrían tener un menor riesgo de sufrir depresión décadas más tarde. Así lo plantea un nuevo estudio publicado en el Journal of Affective Disorders, que siguió a más de 1.000 personas desde su infancia hasta la adultez.

La investigación analizó a personas que, cuando eran niños, participaron en evaluaciones de aptitud física realizadas en 1985. Entre las pruebas se incluyeron carreras, salto en longitud y, en algunos casos, mediciones de la frecuencia cardíaca durante ejercicios en bicicleta fija y pruebas de fuerza de agarre.
Al analizar posteriormente la salud de esos participantes, los investigadores encontraron una asociación entre una mejor condición cardiorrespiratoria durante la infancia y un menor riesgo de depresión entre los 36 y 49 años.
En concreto, las mujeres que habían presentado una mejor aptitud cardiovascular durante su niñez tuvieron una tasa de depresión un 20% menor, mientras que entre los hombres la reducción fue del 11%.
Los resultados no mostraron una relación igualmente clara entre la fuerza muscular y el riesgo posterior de depresión. La asociación más consistente apareció en la capacidad cardiorrespiratoria, es decir, aquella que se desarrolla mediante actividades que elevan la frecuencia cardíaca y hacen trabajar de manera sostenida al sistema cardiovascular.
“Los niños y adolescentes con mejor forma cardiorrespiratoria tenían un menor riesgo de desarrollar depresión en la edad adulta”, explicó Grant Tomkinson, investigador de la Universidad de Adelaida y uno de los autores del trabajo.
Un vínculo que puede modificarse
Uno de los aspectos destacados por los investigadores es que la condición física no es un factor completamente determinado durante la infancia, sino que puede mejorar mediante actividad física regular.
“Es importante destacar que la forma física es algo que podemos cambiar”, señaló Tomkinson, quien consideró que puede convertirse en un objetivo relevante para favorecer la salud mental a largo plazo.
Sin embargo, los especialistas advierten que los resultados no permiten afirmar que una baja condición física durante la infancia provoque depresión en la adultez. La depresión es un trastorno complejo en el que intervienen múltiples factores biológicos, psicológicos, sociales y ambientales.
Kylie Smith, investigadora de la Universidad de Tasmania y autora principal del estudio, explicó que la condición física puede ser solamente “una pieza del rompecabezas” dentro de un conjunto mucho más amplio de factores que influyen en la salud mental.
El trabajo aporta, de todos modos, una perspectiva de largo plazo sobre los beneficios de la actividad física durante los primeros años de vida. Más allá de sus efectos sobre el corazón, los músculos y el metabolismo, mantener una buena capacidad física durante la infancia podría estar relacionado con beneficios para la salud mental que se extienden durante décadas.
Los investigadores plantean que estos resultados justifican continuar estudiando cómo los hábitos y condiciones de salud desarrollados durante la infancia pueden influir en el bienestar psicológico durante la vida adulta.





