Mientras el balón comienza a rodar en la Copa Mundial de la FIFA 2026, una de las novedades más importantes del torneo no se encuentra dentro del campo de juego, sino en la infraestructura que alberga la competencia. De las 16 sedes que recibirán partidos en Estados Unidos, México y Canadá, 13 ya cuentan con certificación ambiental LEED, uno de los estándares más prestigiosos a nivel internacional en materia de construcción sostenible.
Según informó el Consejo de Construcción Ecológica de Estados Unidos, diez de esos estadios obtuvieron la certificación durante los últimos dos años tras cumplir exigentes requisitos relacionados con el uso eficiente de energía, agua y recursos naturales. Además, se espera que al menos dos de los tres recintos restantes alcancen esta acreditación en las próximas semanas.

Estadios más eficientes y amigables con el ambiente
Las mejoras implementadas en los escenarios mundialistas incluyen miles de paneles solares destinados a generar energía limpia, sistemas de ahorro de agua potable y programas para reducir significativamente el uso de plásticos descartables durante los eventos deportivos.
En conjunto, las sedes certificadas permiten ahorrar cerca de 400 millones de litros de agua potable por año y evitar el consumo de más de cinco millones de productos plásticos de un solo uso cada temporada. Asimismo, varios estadios han incorporado programas de economía circular que permiten reciclar, reutilizar o convertir en compost la mayor parte de los residuos generados durante los eventos.
Los especialistas destacan que estas medidas no sólo benefician al medio ambiente, sino que también reducen costos operativos y mejoran la calidad de los espacios para espectadores, deportistas y trabajadores.
El desafío ambiental de un Mundial histórico
La FIFA mantiene el compromiso de reducir en un 50% sus emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2030 y alcanzar la neutralidad de carbono en 2040. En ese contexto, la utilización de estadios ya existentes representa una ventaja importante, ya que evita el impacto ambiental que supone construir nuevos recintos.
Sin embargo, diversos estudios advierten que el Mundial 2026 también enfrentará importantes desafíos ambientales. La ampliación del torneo de 32 a 48 selecciones y las grandes distancias entre las sedes podrían convertir esta edición en una de las que más emisiones de carbono genere en la historia de la competencia.
Algunos informes estiman que el certamen podría producir más de nueve millones de toneladas métricas de emisiones de carbono, principalmente debido a los traslados aéreos de equipos, delegaciones, periodistas y aficionados entre las distintas ciudades anfitrionas.

Un modelo para el futuro
El sistema LEED, creado en 1998, evalúa aspectos como la eficiencia energética, el ahorro de agua y la calidad ambiental de los edificios. Las construcciones certificadas suelen consumir hasta un 25% menos de energía, reducir considerablemente sus emisiones de carbono y optimizar el uso de recursos naturales.
Entre los ejemplos más destacados aparece el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, considerado uno de los recintos deportivos más sustentables del mundo y poseedor de la certificación LEED Platino, el máximo nivel de reconocimiento ambiental.
Más allá de los desafíos pendientes, el Mundial 2026 marca un avance significativo en la búsqueda de un deporte más responsable con el planeta. La combinación de tecnología, eficiencia energética y gestión sustentable demuestra que es posible organizar eventos de escala mundial reduciendo su impacto ambiental y promoviendo una mayor conciencia ecológica entre millones de aficionados.





