Mientras las rutas y autopistas permiten conectar ciudades, impulsar la economía y facilitar el transporte de personas y mercancías, también generan una consecuencia muchas veces invisible: la fragmentación de los hábitats naturales. Para enfrentar este problema, cada vez más países incorporan pasos de fauna o ecoductos, estructuras diseñadas para que los animales puedan cruzar de manera segura sin exponerse al tránsito vehicular.
Lo que durante años fue considerado una herramienta de conservación ambiental hoy también es valorado como un elemento clave para la seguridad vial. Diversos estudios internacionales muestran que, cuando se combinan con cercos y medidas complementarias, los pasos de fauna pueden reducir entre un 80% y un 95% las colisiones entre vehículos y animales, disminuyendo riesgos para conductores y preservando la biodiversidad.

¿Qué son los pasos de fauna?
Los pasos de fauna pueden construirse por encima o por debajo de las rutas. Existen puentes verdes o ecoductos cubiertos de vegetación, túneles subterráneos para mamíferos, estructuras especiales para anfibios y reptiles e incluso pasarelas aéreas utilizadas por especies arborícolas.
Su función principal es mantener conectados ecosistemas que fueron divididos por carreteras, permitiendo que los animales continúen desplazándose en busca de alimento, refugio o reproducción sin tener que cruzar directamente por la calzada.
Además de reducir atropellamientos, estos corredores ayudan a mantener la diversidad genética de las poblaciones silvestres, evitando que queden aisladas en sectores cada vez más pequeños.
Argentina también avanza
Aunque Europa y América del Norte son líderes mundiales en este tipo de infraestructura, Argentina cuenta con experiencias pioneras que hoy son observadas como ejemplos de conservación y seguridad vial.
El caso más destacado se encuentra en la provincia de Misiones, donde funciona el ecoducto de la Ruta Nacional 101, considerado único en Argentina y uno de los primeros de Sudamérica. La estructura conecta áreas protegidas dentro del corredor biológico Urugua-í–Foerster y permite que numerosas especies crucen por encima de la ruta sin riesgo de ser atropelladas. Monitoreos con cámaras trampa registraron el uso frecuente por parte de corzuelas, zorros de monte, gatos tirica, yaguarundíes y diversas aves.
En el Parque Nacional Iguazú también existen siete “pasafaunas” aéreos destinados principalmente a especies arborícolas como monos caí, ardillas, tamanduás y comadrejas. Estas estructuras complementan otras medidas de protección vial implementadas en la zona.
Por otra parte, en las cercanías del Parque Nacional Calilegua, en Jujuy, investigadores y organismos ambientales trabajan en la evaluación de alcantarillas y estructuras viales como posibles pasos de fauna para reducir los atropellamientos registrados sobre la Ruta Nacional 34.
La importancia de estas obras quedó reflejada incluso en el Manual de Estándares Socioambientales para la Obra Pública del Gobierno Nacional, donde los pasos de fauna son considerados una herramienta fundamental para proteger la biodiversidad y reducir el impacto ambiental de las redes viales.

Más seguridad para conductores y animales
Los especialistas destacan que los accidentes con animales no solo afectan a la fauna. En corredores donde circulan vehículos pesados o a altas velocidades, el impacto contra especies de gran tamaño puede provocar daños importantes, vuelcos y siniestros de gravedad.
Por ello, cada vez más proyectos viales incorporan criterios de conectividad ecológica desde la etapa de diseño. La tendencia mundial apunta a que las carreteras del futuro integren movilidad, seguridad y conservación ambiental en una misma estrategia.
En provincias con una gran riqueza natural como Misiones, donde las rutas atraviesan áreas de selva y reservas protegidas, la combinación de límites de velocidad, señalización específica y pasos de fauna ya demostró ser una herramienta efectiva para proteger especies emblemáticas y reducir riesgos para quienes transitan diariamente.
Lejos de ser una obra exclusiva para ambientalistas, los pasos de fauna se están transformando en una inversión inteligente que protege ecosistemas, evita accidentes y demuestra que el desarrollo de la infraestructura puede convivir con la conservación de la naturaleza.





