La COP30, desarrollada en Brasil, dejó en evidencia un profundo debate sobre el rol de la agroindustria en la crisis climática. Mientras la organización oficial de la cumbre impulsó espacios orientados a mostrar “soluciones sustentables” desde el sector agrícola —como la Agrizone, patrocinada por la Confederación Brasileña de Agricultura y Ganadería y con la presencia de empresas como Syngenta, Nestlé y Bayer—, diversas organizaciones sociales y ambientales denunciaron que estas propuestas representan “falsas soluciones” frente al grave impacto ambiental y sanitario del modelo agroproductivo actual.

Los datos expuestos durante la cumbre son contundentes:
- En Brasil, el 75% de las emisiones provienen del sistema agropecuario y del cambio de uso de suelo por deforestación.
- En Argentina, el agro es el segundo mayor emisor, con un 37% del total.
La Cumbre de los Pueblos: denuncias, debates y un fuerte mensaje político
Frente al discurso oficial, la Cumbre de los Pueblos (Cúpula do Povos) —que reunió a más de mil organizaciones sociales y ambientales de distintos países— abrió un espacio alternativo para discutir la responsabilidad del sistema alimentario en la crisis climática y denunciar las violencias asociadas al uso de agrotóxicos.
Una de las acciones más llamativas fue la instalación de un envase inflable de agroquímicos de 12 metros, montado por la International Pesticide Standard Alliance (IPSA) para visibilizar los daños provocados por sustancias altamente peligrosas utilizadas masivamente en Brasil. La directora científica de IPSA, Larissa Bombardi, habló de un “colonialismo químico”, remarcando que muchos pesticidas prohibidos en Europa continúan siendo exportados y utilizados en América Latina.
Bombardi, autora de “Geografía del uso de plaguicidas en Brasil y sus conexiones con la Unión Europea”, se encuentra exiliada desde 2021 tras recibir amenazas por revelar que numerosos alimentos brasileños contienen residuos de agroquímicos que en Europa están prohibidos.
Renato Roseno, diputado estadual por Ceará, fue categórico: “Hay 119 principios activos y 300 productos que se comercializan en Brasil que ya están prohibidos en la Unión Europea”.
Un país líder en consumo de pesticidas y miles de intoxicaciones al año
Brasil es hoy considerado el mayor consumidor de agrotóxicos del mundo, lo que genera graves impactos ambientales y sanitarios: más de 10.000 intoxicaciones anuales registradas, a las que se suman innumerables casos sin diagnóstico preciso.
Según el “Atlas de los agrotóxicos”, el país permite concentraciones de químicos en alimentos y agua hasta 5000 veces más altas que en la UE.
Las consecuencias afectan sobre todo a campesinos, comunidades indígenas y quilombolas, quienes sufren enfermedades crónicas, cáncer, problemas reproductivos y malformaciones en niños debido al contacto constante con estos productos.
UE–Mercosur: un acuerdo que profundizaría los impactos
La discusión también alcanzó el ámbito del comercio internacional. Desde Francia, el campesino Jean Mathieu Thevenot, integrante de la red Vía Campesina, advirtió que el acuerdo Unión Europea–Mercosur generará un doble impacto:
- En Europa, aumentará la competencia desleal contra pequeños productores por importaciones a bajo costo.
- En Latinoamérica, incentivará más producción industrial intensiva, más uso de tierras para soja y maíz transgénico y un mayor volumen de pesticidas fabricados en Europa pero prohibidos en su propio territorio.
Drones para fumigación: nuevas denuncias por violencia ambiental
Otro eje fuerte fue la denuncia del uso de drones como herramienta de fumigación y amedrentamiento en estados como Maranhão, donde más de 200 comunidades aseguran ser atacadas y contaminadas desde el aire.
Más del 90% de las denuncias por intoxicación en la zona están relacionadas con el uso de drones.
En Ceará, aunque existía una ley que prohibía la pulverización aérea, una nueva normativa habilitó la fumigación con drones, pese a que no existen estudios que garanticen seguridad a las distancias permitidas, que pueden ser tan solo de 20 metros de zonas habitadas.
La agroecología como alternativa real
En contraste con el modelo hegemónico, organizaciones como la Campaña Contra los Agrotóxicos y por la Vida remarcan que la agroecología ya es una práctica extendida y viable en territorios de todo Brasil.
No solo propone una forma de producción libre de tóxicos, sino también una manera de vivir más saludable para quienes producen y consumen.
Bombardi planteó la necesidad de un “pacto civilizatorio” que coloque a la alimentación en el centro de la discusión política y social, impulsando la producción local, la soberanía alimentaria y el fin del modelo extractivista.
Un cierre simbólico: el “Banquetaço”
Para finalizar, la Cumbre de los Pueblos organizó un gran banquete colectivo en la Praça da República, en Belém, donde se compartieron alimentos agroecológicos preparados de forma comunitaria, reafirmando que otro modelo de producción es posible.
La COP30 dejó así dos imágenes contrapuestas:
- la del agronegocio defendiendo su discurso de sustentabilidad, y
- la de miles de organizaciones denunciando las desigualdades, las violencias y los impactos reales del sistema agroalimentario.
Un debate que seguirá creciendo y que será clave para el futuro del clima, la salud y la soberanía alimentaria de la región.
Fuente: Agencia Tierra Viva





