En una nueva edición de “Travesías y Travesuras”, la columna de viajes de Natali Monterrosa, las historias sorprendentes vuelven a ser protagonistas. Esta semana, el recorrido imaginario lleva primero hasta Canadá y luego hasta Seúl, en Corea del Sur.
Una isla que salió a navegar
En el enorme embalse Williston, al norte de la Columbia Británica, apareció una escena difícil de creer: una isla de aproximadamente 140 metros de largo, cubierta de pinos maduros, comenzó a desplazarse sobre el agua.
La aparición fue tan llamativa que inicialmente las autoridades llegaron a considerar si las imágenes podían haber sido generadas mediante inteligencia artificial. Sin embargo, la isla era completamente real.
La explicación está relacionada con el aumento del nivel del agua. Una gran masa de tierra, madera y vegetación se desprendió de la costa, aunque las raíces de los árboles mantuvieron el conjunto unido.
Con el paso del tiempo, la estructura comenzó a desplazarse impulsada por el viento. Semanas después de haber desaparecido de su ubicación original, volvió a ser localizada unos 30 kilómetros más lejos.
Así, un verdadero bosque flotante terminó convirtiéndose en una particular “isla viajera”: sin motor, sin timón y sin necesidad de pasaporte.
Una historia que deja una particular reflexión para la columna: no siempre se trata de saber exactamente hacia dónde vamos, sino también de descubrir dónde terminamos.
La travesura gastronómica de Seúl
La segunda historia lleva a “Travesuras” hasta Seúl, Corea del Sur, donde la gastronomía también fue protagonista de un episodio insólito.
Un restaurante de dos estrellas Michelin fue sancionado por incluir hormigas negras como parte de uno de sus platos. Se trataba de un sorbete inspirado en el sikhye, una tradicional bebida coreana dulce elaborada a base de arroz.
El postre podía servirse acompañado por entre tres y cinco hormigas, utilizadas para aportar un sabor ácido. El ingrediente era opcional para los comensales.
El inconveniente fue que las hormigas utilizadas no estaban autorizadas para consumo humano en Corea del Sur y, además, las autoridades detectaron niveles de metales pesados por encima de los límites permitidos.
Según la investigación de la fiscalía, durante varios años se habrían servido alrededor de 49.000 hormigas.
Dos historias completamente diferentes, pero con algo en común: muestran que viajar también significa encontrarse con situaciones que difícilmente aparecerían en un itinerario tradicional.
Porque, como plantea Natali Monterrosa en “Travesías y Travesuras”, el mundo está lleno de lugares, costumbres y acontecimientos capaces de sorprendernos.





