Una sensación tan simple como aplicar frío sobre la cabeza podría tener efectos positivos sobre el bienestar emocional. Así lo indica una investigación reciente realizada por científicos de la Universidad Estatal de Pensilvania (Penn State), en Estados Unidos, que encontró que enfriar la cabeza durante 30 minutos puede generar cambios inmediatos en la actividad cerebral asociados con la calma y una mejora en el estado de ánimo.
El estudio, publicado en la revista científica Acta Psychologica, analizó a un grupo de jóvenes adultos sanos y observó que quienes utilizaron un gorro refrigerante experimentaron un aumento de las llamadas “ondas alfa” cerebrales, un tipo de actividad neuronal que suele relacionarse con estados de relajación, tranquilidad mental y menor estrés.

¿Por qué el frío puede ayudar a calmar la mente?
Aunque la investigación es preliminar y no permite considerar al frío como un tratamiento médico, los resultados coinciden con otros conocimientos científicos sobre cómo el organismo responde a las bajas temperaturas.
Cuando una persona se expone brevemente al frío, se activan diferentes mecanismos fisiológicos:
- Disminuye temporalmente la frecuencia cardíaca.
- Se reduce la hiperactivación del sistema nervioso simpático, responsable de la respuesta de “lucha o huida”.
- Se estimula el nervio vago, relacionado con estados de relajación y recuperación.
- Aumenta la liberación de neurotransmisores como la noradrenalina, que favorece la atención y la concentración.
- Se genera un efecto de “anclaje” al presente, alejando la mente de pensamientos repetitivos o catastróficos.
Por este motivo, muchos psicólogos y especialistas en salud mental utilizan técnicas basadas en estímulos fríos como herramientas complementarias para ayudar a personas que atraviesan episodios de ansiedad intensa.

Frío y ataques de ansiedad: una técnica utilizada en psicología
En los últimos años, algunas terapias incorporaron estrategias sencillas como sostener una bolsa fría sobre el rostro, lavarse la cara con agua fría o aplicar compresas en la frente y el cuello durante momentos de alta ansiedad.
La explicación está relacionada con el denominado “reflejo de inmersión mamífera”, un mecanismo biológico que compartimos con otros mamíferos. Cuando el rostro entra en contacto con agua fría, el organismo interpreta que debe conservar energía y automáticamente disminuye la frecuencia cardíaca, promoviendo un estado fisiológico más calmado.
Diversos especialistas señalan que esta respuesta puede ayudar a interrumpir momentáneamente el círculo de pensamientos acelerados que suele acompañar a los ataques de pánico.
¿Puede ayudar a pensar mejor?
Además de la sensación de calma, algunos estudios sugieren que la exposición breve al frío puede mejorar ciertos aspectos de la función cognitiva.
Investigaciones realizadas en deportistas y en personas sometidas a estrés mental muestran que el enfriamiento moderado puede favorecer:
- La concentración.
- El estado de alerta.
- La velocidad de procesamiento mental.
- La sensación subjetiva de claridad mental.
Esto ocurre porque el organismo libera sustancias que aumentan temporalmente la atención y la capacidad de respuesta.
No es casualidad que muchas personas afirmen sentirse más despejadas después de lavarse la cara con agua fría, salir a caminar en bajas temperaturas o tomar una ducha fría breve.
Lo que mostró el estudio
La investigación de Penn State incluyó a 24 estudiantes universitarios que permanecieron durante una semana realizando sesiones diarias de 30 minutos de reposo.
La mitad de los participantes utilizó un gorro refrigerante mantenido a una temperatura cercana a 1°C, mientras que el resto simplemente permaneció sentado escuchando sonidos relajantes.
Los resultados mostraron que:
- El grupo que utilizó el sistema de enfriamiento registró un aumento inmediato de las ondas alfa cerebrales.
- Los participantes informaron una mayor sensación de bienestar.
- Se observó una reducción más marcada de síntomas depresivos en comparación con el grupo control.
- La mayoría describió la experiencia como agradable y relajante.
Sin embargo, los investigadores aclaran que los efectos observados fueron principalmente inmediatos y que no se detectaron cambios duraderos luego de finalizar la intervención.
Una herramienta complementaria, no un tratamiento
Los autores remarcan que el frío no reemplaza tratamientos psicológicos ni psiquiátricos cuando son necesarios. Tampoco constituye una cura para la depresión o los trastornos de ansiedad.
Sin embargo, los resultados abren una interesante línea de investigación sobre estrategias simples, accesibles y no farmacológicas que podrían ayudar a mejorar el bienestar emocional en determinadas situaciones.
“El enfriamiento de la cabeza muestra potencial como una herramienta calmante aguda”, señaló Laura Cooney, una de las investigadoras participantes.
Mientras la ciencia continúa estudiando estos mecanismos, los expertos coinciden en que prácticas sencillas como exponerse brevemente al aire fresco, aplicar compresas frías o lavarse el rostro con agua fría pueden convertirse en recursos útiles para recuperar la calma, despejar la mente y reducir momentáneamente los niveles de estrés.
Fuente científica: Griffith O., Cooney L. y colaboradores. Acta Psychologica (2026). Universidad Estatal de Pensilvania (Penn State), Estados Unidos.





