El uso cada vez más temprano e intensivo de pantallas en la infancia se ha convertido en una de las principales preocupaciones de familias y especialistas. Desde el psicoanálisis, Joseph Knobel Freud advierte que uno de los grandes problemas de la infancia actual no es solo la sobreexposición a dispositivos digitales, sino el hecho de que los adultos ya no toleran que los chicos se aburran.

Según el especialista, el aburrimiento cumple un rol fundamental en el desarrollo psíquico. Lejos de ser algo negativo, es el espacio donde el niño puede imaginar, crear, simbolizar y construir deseos propios. Cuando ese tiempo es ocupado de manera automática por una pantalla, se interrumpe un proceso clave para la formación de la subjetividad.
Knobel Freud sostiene que las pantallas ofrecen estímulos constantes y respuestas inmediatas, lo que dificulta que los niños aprendan a esperar, frustrarse y resolver por sí mismos. Estas experiencias, aunque incómodas, son necesarias para el crecimiento emocional y para el desarrollo de la autonomía.
Otro aspecto central es el contacto con la naturaleza y con la realidad concreta. Jugar al aire libre, ensuciarse, explorar, interactuar con otros niños y con adultos reales permite una integración más rica de la experiencia corporal, emocional y social. En los primeros años de vida, este contacto directo con el mundo es clave para la formación de la psiquis, ya que el niño construye su identidad a partir de vínculos, límites y experiencias reales, no virtuales.
Desde esta mirada, la infancia necesita menos estimulación artificial y más tiempo libre, juego espontáneo y presencia adulta. La función de los adultos no es eliminar el aburrimiento, sino acompañar sin invadir, sostener sin reemplazar y poner límites claros al uso de la tecnología.
Frente a la inquietud y la incertidumbre que atraviesan muchos padres, los especialistas proponen algunas herramientas concretas:
- Establecer límites claros y coherentes al uso de pantallas, especialmente en los primeros años.
- Ofrecer alternativas simples: juegos no estructurados, lectura, dibujo, música, contacto con la naturaleza.
- Aceptar el aburrimiento como parte del crecimiento, sin buscar resolverlo de inmediato.
- Priorizar el tiempo compartido y la escucha, más que el entretenimiento constante.
- Recordar que el ejemplo adulto es clave: el uso que los padres hacen de las pantallas también educa.
La advertencia de Knobel Freud no apunta a demonizar la tecnología, sino a recuperar el valor de la experiencia infantil fuera de las pantallas. En un mundo hiperconectado, permitir que los niños se aburran, jueguen y exploren la realidad es una forma concreta de cuidar su salud emocional y su desarrollo futuro.





