Un estudio científico publicado en The Lancet analizó si una alimentación muy restrictiva podía influir sobre los síntomas del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en niños. La investigación, conocida como INCA (Impact of Nutrition on Children with ADHD), incluyó a 100 niños de entre 4 y 8 años diagnosticados con TDAH.
El trabajo fue un ensayo clínico aleatorizado realizado en Países Bajos y Bélgica. Los participantes fueron divididos en dos grupos: 50 niños siguieron durante cinco semanas una dieta de eliminación estrictamente supervisada, mientras que otros 50 recibieron indicaciones generales para mantener una alimentación saludable.

¿En qué consistía la dieta?
La alimentación propuesta era muy limitada y buscaba retirar diferentes componentes que podían estar relacionados con reacciones alimentarias o cambios en la conducta. Se eliminaron los principales alimentos alergénicos y productos asociados a posibles desencadenantes, incluyendo leche y derivados, huevo, trigo, pescado, soja, maní y frutos secos. También se redujeron al máximo determinados productos con gluten y se restringió el consumo de azúcar.
El protocolo contemplaba además la eliminación de determinados ingredientes y aditivos asociados a alteraciones conductuales. La dieta básica incluía alimentos como arroz, determinados cereales, carnes seleccionadas, frutas y verduras, y debía realizarse bajo supervisión.
Los resultados
Los resultados llamaron la atención: 32 de los 50 niños que realizaron la dieta de eliminación —el 64%— presentaron una mejoría significativa de los síntomas del TDAH al finalizar las cinco semanas. La diferencia respecto del grupo control fue estadísticamente significativa.
Posteriormente, los investigadores realizaron una segunda etapa con algunos de los niños que habían respondido favorablemente. Se reintrodujeron alimentos de manera controlada para observar si los síntomas reaparecían.
De los 30 niños que participaron en esta etapa, 19 —el 63%— experimentaron una recaída de los síntomas durante las pruebas de reintroducción. Sin embargo, el estudio encontró que la respuesta no podía predecirse mediante los niveles de IgG específicos contra determinados alimentos. Por este motivo, los autores desaconsejaron utilizar análisis de IgG para decidir qué alimentos deberían eliminarse.
Un resultado interesante, pero que requiere cautela
El trabajo no concluyó que todos los niños con TDAH deban realizar una dieta de eliminación. Los propios investigadores plantearon este tipo de alimentación como una herramienta para evaluar si determinados alimentos podían estar influyendo en el comportamiento de un niño, y remarcaron la necesidad de realizarla de manera estrictamente supervisada.
Además, investigaciones posteriores encontraron resultados menos contundentes. Por ejemplo, el estudio TRACE, que comparó una dieta de eliminación con una alimentación saludable en 165 niños, encontró que después de cinco semanas hubo mejoría en el 35% de los niños con dieta de eliminación frente al 51% de quienes siguieron una dieta saludable. Esto sugiere que una alimentación saludable y equilibrada puede ser una alternativa más práctica que una restricción extrema para muchos pacientes.
Por eso, aunque el estudio de The Lancet aporta evidencia de que algunos niños podrían experimentar cambios en sus síntomas asociados a determinados alimentos, no significa que eliminar gluten, lácteos, azúcar o aditivos sea un tratamiento universal para el TDAH.
La dieta de eliminación es muy restrictiva y puede generar dificultades nutricionales y familiares, por lo que cualquier intento de aplicarla en un niño debería realizarse con el acompañamiento de profesionales de la salud y nutrición.
Fuente: Pelsser LM, Frankena K, Toorman J. et al. Effects of a restricted elimination diet on the behaviour of children with attention-deficit hyperactivity disorder (INCA study): a randomised controlled trial. The Lancet, volumen 377, número 9764, febrero de 2011, páginas 494–503.





