
Las abejas cumplen una función que va mucho más allá de la producción de miel. Su trabajo diario, trasladándose de flor en flor en busca de néctar y polen, constituye uno de los servicios ecológicos fundamentales para la producción de alimentos.
La polinización permite que el polen llegue hasta las estructuras reproductivas de las plantas y, de esta manera, se produzca la fecundación que dará origen a semillas y frutos. Según la FAO, aproximadamente tres cuartas partes de los cultivos más productivos del mundo dependen, al menos parcialmente, de los polinizadores, mientras que alrededor del 35% de la producción agrícola mundial en volumen está afectada por su actividad.
Pero además de su importancia ambiental, la presencia de abejas puede tener un impacto concreto sobre el rendimiento agrícola.

Más abejas, más polinización y, en determinados cultivos, más producción
Un ejemplo particularmente interesante surge de investigaciones realizadas por el INTA en Argentina.
En ensayos desarrollados en el sudeste de Córdoba, investigadores del INTA Marcos Juárez estudiaron qué ocurre cuando se incorporan colmenas de abejas melíferas en lotes de soja.
Los resultados preliminares mostraron que la polinización biótica produjo un 34% más de formación de frutos y un 27% de incremento en el peso total de las semillas por unidad de superficie, en comparación con plantas sometidas principalmente a autopolinización. Además, el contenido de aceite de las semillas aumentó un 1,47%.
El dato resulta especialmente relevante porque durante mucho tiempo la soja fue considerada fundamentalmente una especie autógama, es decir, capaz de autofecundarse. Las investigaciones más recientes muestran que los insectos pueden contribuir a mejorar ese proceso y favorecer determinados componentes del rendimiento.
El INTA también observó que las colmenas incrementaron significativamente la actividad de polinización dentro de un radio de aproximadamente 150 metros, mientras que las visitas de las abejas disminuyeron un 72% más allá de los 300 metros.
En girasol, el efecto puede llegar al 40%

El girasol es otro cultivo donde la presencia de polinizadores tiene una importancia considerable.
Una investigación realizada durante cuatro años en campos agrícolas encontró que los polinizadores incrementaron el rendimiento del girasol hasta un 40%, equivalente a aproximadamente 700 kilos por hectárea. A escala de planta, el aumento fue del 31,3%.
En ese estudio, las abejas melíferas fueron el grupo de polinizadores que tuvo mayor impacto sobre el rendimiento. La polinización favoreció principalmente el número de semillas fecundadas por planta.
El mismo trabajo estimó que, en las condiciones estudiadas, aproximadamente un 35% de la polinización provenía de insectos, mientras que cerca del 40% correspondía a autopolinización y alrededor del 20% al viento.
Otro dato reciente: carinata
En Santa Fe, una investigación del INTA realizada en Rafaela encontró también un efecto significativo de la incorporación planificada de colmenas en lotes de Brassica carinata, una oleaginosa.
El trabajo determinó que la presencia de colmenas permitió aumentar el rendimiento en aproximadamente 37%, equivalente a casi 900 kilos adicionales por hectárea respecto de situaciones en las que las flores no recibían visitas de polinizadores.
Un estudio publicado en 2026 sobre colza en la región pampeana argentina encontró resultados similares: la polinización exclusiva con Apis mellifera incrementó el rendimiento un 33% respecto del tratamiento sin polinizadores, mientras que la polinización abierta —con abejas y otros insectos— produjo un aumento del 20%.

No todos los cultivos responden de la misma manera
Estos datos permiten hacer una aclaración importante: no significa que colocar colmenas en cualquier lote vaya a aumentar automáticamente el rendimiento un determinado porcentaje.
Los cereales como trigo y maíz tienen sistemas de polinización diferentes. El trigo y la cebada son predominantemente autógamos, mientras que el maíz depende fundamentalmente del viento.
Por eso, cuando se habla del beneficio productivo de las abejas hay que prestar especial atención a los cultivos que realmente dependen o se benefician de la polinización animal.
Entre ellos se encuentran el girasol, la soja, la colza, la carinata, numerosos frutales, almendros, algunas hortalizas y diferentes cultivos de semillas.
Una revisión científica que analizó 52 estudios sobre 30 cultivos encontró que la suplementación con polen podía aumentar el rendimiento en promedio un 34%, aunque el efecto variaba considerablemente según la especie y el sistema de polinización.
Las abejas también son fundamentales para el ambiente
El valor de las abejas no termina en el lote agrícola.
Las abejas y otros polinizadores son fundamentales para la reproducción de numerosas plantas silvestres. Al trasladar polen entre flores permiten la producción de semillas y frutos y contribuyen a mantener la diversidad vegetal.
La FAO estima que existen alrededor de 200.000 especies animales que actúan como polinizadores, entre ellas más de 25.000 especies de abejas.
Esa diversidad es fundamental porque distintos polinizadores tienen diferentes comportamientos, tamaños, horarios de actividad y capacidades de vuelo. Por eso, proteger únicamente a la abeja melífera no alcanza: también es necesario conservar las poblaciones de abejas nativas, mariposas, abejorros, aves, murciélagos y otros animales que cumplen funciones de polinización.
Agricultura y biodiversidad, una relación que necesita ser cuidada
La agricultura depende de ecosistemas saludables y, al mismo tiempo, las prácticas agrícolas pueden modificar profundamente esos ecosistemas.
La pérdida de ambientes naturales, la reducción de la diversidad vegetal, la falta de flores durante determinados períodos del año y el uso inadecuado de productos que afectan a los insectos pueden reducir la disponibilidad y la diversidad de polinizadores.
Por eso, conservar bordes vegetados, corredores biológicos, pastizales, montes, flores nativas y fuentes de agua, además de reducir las prácticas que dañan a los polinizadores, puede contribuir a mantener poblaciones saludables.
La propia investigación del INTA sobre soja plantea la necesidad de diseñar estrategias productivas que favorezcan la salud y actividad de los polinizadores, y destaca la importancia de la colaboración entre productores, apicultores e investigadores.
Las abejas, entonces, no son solamente productoras de miel. Son parte de una maquinaria natural que sostiene la reproducción de las plantas, la biodiversidad y, en determinados cultivos, también una parte concreta del rendimiento que llega finalmente a las cosechas.
Cuidar a las abejas significa cuidar un componente fundamental de los ecosistemas y, al mismo tiempo, proteger uno de los servicios naturales de los que depende buena parte de nuestra producción de alimentos.





