El glifosato, el herbicida más utilizado en el mundo, vuelve a estar en el centro de la polémica tras la publicación de nuevas investigaciones científicas y la retractación de un estudio que durante años fue utilizado para respaldar su seguridad. Los recientes acontecimientos reabrieron el debate sobre los posibles riesgos para la salud humana, el papel de las agencias reguladoras y la influencia de la industria en la evaluación de productos químicos.
El glifosato se utiliza desde la década de 1970 para el control de malezas en cultivos agrícolas y también en espacios públicos y jardines. Su uso masivo lo convirtió en uno de los herbicidas más estudiados de la historia, aunque también en uno de los más controvertidos.

¿Qué dice la ciencia?
En 2015, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), dependiente de la Organización Mundial de la Salud, clasificó al glifosato como “probablemente carcinógeno para los seres humanos” (Grupo 2A).
Esta clasificación significa que existe evidencia suficiente de carcinogenicidad en animales de experimentación y evidencia limitada en seres humanos, especialmente en relación con algunos tipos de cáncer como el linfoma no Hodgkin.
Sin embargo, otras agencias regulatorias, como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, han llegado a conclusiones diferentes tras revisar otros conjuntos de estudios, sosteniendo que el glifosato no representa un riesgo de cáncer en las condiciones autorizadas de uso. Esta diferencia de criterios científicos continúa siendo objeto de debate internacional.
Un estudio retirado y nuevas investigaciones
En los últimos meses, el tema volvió a cobrar fuerza luego de que una revista científica retirara un trabajo que durante años había sido utilizado como referencia para respaldar la seguridad del glifosato.
Según la publicación, la decisión se tomó tras detectarse conflictos de interés no declarados y la participación encubierta de Monsanto en la elaboración del artículo, además del uso selectivo de investigaciones financiadas por la propia compañía.
Al mismo tiempo, nuevos estudios experimentales continúan investigando la posible relación entre el glifosato y distintos tipos de tumores, aunque los especialistas aclaran que la evidencia sigue siendo objeto de análisis y que se necesitan más investigaciones para establecer conclusiones definitivas.
Bayer y un conflicto que genera controversia
La discusión también involucra a Bayer, que en 2018 adquirió Monsanto en una operación considerada una de las mayores de la industria química.
Desde entonces, Bayer comercializa productos que contienen glifosato y, al mismo tiempo, desarrolla medicamentos utilizados en tratamientos oncológicos. Esta situación ha generado cuestionamientos éticos por parte de algunos investigadores y organizaciones, quienes consideran que representa un potencial conflicto de intereses, aunque la empresa sostiene que sus productos cumplen con las regulaciones vigentes y continúa defendiendo la seguridad del herbicida cuando es utilizado conforme a las indicaciones.
Además, Bayer enfrenta miles de demandas judiciales en distintos países por personas que atribuyen al glifosato el desarrollo de enfermedades oncológicas. Si bien la compañía ha alcanzado acuerdos económicos en numerosos casos, mantiene su postura de que la evidencia científica no demuestra que el producto cause cáncer cuando se utiliza correctamente.
¿Cómo actúa el glifosato?
El glifosato fue desarrollado para eliminar malezas bloqueando una vía metabólica esencial para las plantas, denominada ruta del ácido shikímico, inexistente en los seres humanos.
Precisamente por esa diferencia biológica, durante décadas se consideró un herbicida de baja toxicidad para las personas.
Sin embargo, investigaciones más recientes analizan otros posibles mecanismos de acción, como el estrés oxidativo, alteraciones hormonales, inflamación celular o modificaciones en la microbiota intestinal, aspectos que aún continúan bajo estudio.
¿Existe riesgo para la población?
Los especialistas explican que el riesgo depende de múltiples factores, entre ellos:
- La cantidad de exposición.
- La frecuencia del contacto.
- La forma de aplicación.
- El uso de elementos de protección personal.
- El cumplimiento de las normas de seguridad.
Quienes presentan mayor posibilidad de exposición son los trabajadores rurales, aplicadores de agroquímicos y personas que manipulan el producto de manera directa.
En la población general, la exposición suele producirse principalmente a través de residuos presentes en algunos alimentos, aunque las concentraciones detectadas normalmente se encuentran por debajo de los límites establecidos por los organismos regulatorios.
La importancia de la prevención
Más allá del debate científico, numerosos expertos en salud pública sostienen que debe fortalecerse el principio de precaución, promoviendo investigaciones independientes, controles más rigurosos y sistemas regulatorios transparentes.
También remarcan la necesidad de capacitar adecuadamente a quienes utilizan productos fitosanitarios, respetar las dosis autorizadas, evitar aplicaciones en condiciones climáticas desfavorables y proteger especialmente a las poblaciones vulnerables.
Un debate que continúa abierto
El caso del glifosato representa uno de los mayores debates científicos, sanitarios y regulatorios de las últimas décadas. Mientras algunos organismos consideran que puede utilizarse de forma segura bajo determinadas condiciones, otros investigadores advierten sobre posibles riesgos que aún requieren mayor estudio.
Lo cierto es que la controversia ha puesto sobre la mesa un tema fundamental: la necesidad de que las decisiones sobre sustancias de uso masivo estén respaldadas por evidencia científica independiente, evaluaciones transparentes y una vigilancia permanente que priorice la protección de la salud pública y del medio ambiente.
Fuentes: Artículo de opinión de Carolina Donat-Vargas y Miquel Porta (6 de julio de 2026), publicaciones de la IARC/OMS, EFSA, EPA y literatura científica sobre glifosato.
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