Knepp Estate: el modelo de rewilding que transformó una finca agrícola en un refugio de biodiversidad

Lo que comenzó en el año 2000 como el abandono de una finca agrícola en West Sussex, Inglaterra, terminó convirtiéndose en uno de los ejemplos más destacados de rewilding —o renaturalización— de Europa.

Durante décadas, el establecimiento había sido sometido a una agricultura intensiva, con utilización de maquinaria, fertilizantes y pesticidas. Frente a las dificultades para sostener ese modelo productivo, sus propietarios, Charlie Burrell e Isabella Tree, tomaron una decisión que cambiaría por completo el paisaje: dejar que la naturaleza recuperara progresivamente el territorio.

Dejar actuar a la naturaleza

Una de las primeras medidas fue retirar kilómetros de cercas internas y eliminar zanjas artificiales que alteraban el recorrido natural del agua. De esta manera, comenzaron a recuperarse humedales y diferentes ambientes vinculados al río Adur.

También se incorporaron grandes herbívoros, como vacas Longhorn, ponis de Exmoor, cerdos Tamworth y ciervos, que cumplen diferentes funciones ecológicas. Los animales contribuyen a mantener los pastizales, remover el suelo, abrir senderos y controlar naturalmente el crecimiento de determinadas especies vegetales.

Incluso plantas consideradas tradicionalmente como “malezas”, como las zarzas y los endrinos, fueron conservadas porque proporcionan refugio para distintas especies y protegen a los árboles jóvenes.

Un paisaje que volvió a cobrar vida

Los cambios fueron evidentes con el paso de los años. Investigaciones de la Universidad Queen Mary de Londres registraron que entre 2001 y 2019 Knepp incorporó 96 hectáreas de hábitat de matorral, equivalentes a unos 1,3 millones de metros cuadrados.

La regeneración natural favoreció además la expansión de bosques, arbustos y humedales conectados con el río Adur, creando un mosaico de ambientes capaces de sostener una mayor diversidad de especies.

Un fuerte impacto sobre la biodiversidad

El regreso de la naturaleza produjo resultados significativos. Según los estudios mencionados en el informe, la abundancia de aves reproductoras aumentó un 916%, mientras que la riqueza de especies creció un 132%.

Algunas especies amenazadas, como la tórtola europea y el ruiseñor, alcanzaron poblaciones récord en el área. También se registraron importantes incrementos entre insectos y polinizadores, con algunas especies de mariposas y libélulas multiplicando sus poblaciones hasta en un 900%.

Otro de los grandes hitos fue el regreso de las cigüeñas blancas, que volvieron a reproducirse de manera silvestre en el Reino Unido después de más de seis siglos de ausencia.

Los estudios también detectaron un 40% de aumento en la cobertura arbórea y hasta seis veces más arbustos en determinadas áreas.

La naturaleza también puede ser un negocio

El proyecto de Knepp demuestra que la recuperación ambiental no necesariamente tiene que estar enfrentada con la actividad económica.

Actualmente, Knepp Wildland genera alrededor de £800.000 anuales a través de actividades como el ecoturismo, los safaris fotográficos, el alojamiento en contacto con la naturaleza y la venta selectiva de carne orgánica proveniente de animales criados en libertad.

Con unas 1.400 hectáreas transformadas, el establecimiento se convirtió en un verdadero laboratorio de conservación y un ejemplo de cómo los ecosistemas pueden recuperar parte de su funcionamiento cuando se reducen las intervenciones humanas.

El caso Knepp plantea una idea cada vez más presente en las estrategias de conservación: en determinados territorios degradados, dar espacio a los procesos naturales puede ser una herramienta efectiva para recuperar biodiversidad, restaurar ecosistemas y, al mismo tiempo, generar nuevas oportunidades económicas.