La “Internet Muerta”: bots, algoritmos y una red cada vez más violenta

En un análisis que combina reflexión y advertencia, la escritora Mariana Enríquez profundiza sobre un fenómeno que muchos podrían considerar una teoría conspirativa, pero que parece tomar forma en la realidad: la llamada “Internet Muerta”. Según Enríquez, gran parte de la actividad en línea desde aproximadamente 2016 ya no está protagonizada por personas, sino por bots y contenidos generados automáticamente, potenciados por algoritmos e inteligencia artificial, en un intento de manipular la visibilidad y la interacción en la red.

La teoría sostiene que la red, lejos de ser un espacio de comunicación y libre expresión, se ha convertido en un ecosistema dominado por programas informáticos capaces de crear y viralizar contenidos, generando la ilusión de interacción humana masiva. En los últimos años, esta idea ha ido ganando relevancia: estudios estiman que la proporción de bots podría superar ya al número de usuarios humanos, situándose en un 51% frente al 49% de personas, aunque este porcentaje podría ser mayor. Esto significa que muchas de las tendencias, debates y fenómenos virales que parecen espontáneos podrían estar siendo impulsados artificialmente.

Enríquez señala que este cambio radical afecta también la forma en que los usuarios se relacionan con las redes sociales. La aparición de la Inteligencia Artificial ha potenciado a los bots “maliciosos”, capaces de imitar comportamientos humanos y generar contenido diseñado para viralizarse. Un ejemplo citado por la escritora es el caso de ciertos artistas musicales que han utilizado bots para hacer que canciones específicas se vuelvan extremadamente populares, lo que demuestra cómo la viralización puede ser orquestada y manipulada más que espontánea.

El problema, según Enríquez, no se limita a la falsedad de algunos contenidos, sino a la manera en que los algoritmos moldean la experiencia de los usuarios. La llamada “Internet Muerta” se alimenta de lo que los expertos denominan el “algoritmo de la rabia”: contenidos diseñados para generar emociones fuertes, como miedo, indignación o incluso placer, que mantienen a los usuarios enganchados durante horas. Publicaciones, videos o debates que provocan enojo se multiplican, porque cuanto más intensas son las emociones, mayor es la interacción y, por ende, los ingresos para las plataformas.

El efecto de esta dinámica es evidente: las redes sociales se han transformado en lugares más agresivos y menos divertidos, donde las discusiones y los conflictos se normalizan y los usuarios comienzan a comportarse de manera más provocativa y hostil. La escritora describe cómo incluso la interacción humana real se ve afectada: los usuarios publican menos espontáneamente y priorizan contenido profesional o promocional, ya que el algoritmo favorece la visibilidad de lo que genera engagement económico más que genuino intercambio social.

Enríquez ejemplifica la situación con el caso de la influencer Winta Zesu, quien generó una controversia masiva con un video diseñado exclusivamente para provocar enojo. La reacción de los usuarios fue intensa, y el contenido se viralizó rápidamente, demostrando que la agresividad y la indignación se han convertido en moneda de cambio en el mundo digital. El fenómeno no se limita a influenciadores: muchos comentarios y debates en línea podrían ser el resultado de bots interactuando entre sí, generando una ilusión de actividad humana que en realidad es artificial.

Expertos en cultura digital, como Jamie Cohen de Queens College, confirman que esta situación tiene efectos profundos sobre la percepción de la realidad en internet. La viralización artificial y la amplificación de la rabia dificultan cada vez más distinguir lo real de lo fabricado, generando desinterés o escepticismo en los usuarios, y creando un entorno donde la atención humana se convierte en un recurso limitado frente a la saturación de información manipulada.

En conclusión, la llamada “Internet Muerta” describe un fenómeno preocupante: una red donde los bots, los algoritmos y la Inteligencia Artificial no solo dictan qué contenidos vemos, sino cómo nos sentimos y cómo interactuamos. Las plataformas digitales, que alguna vez funcionaron como espacios de comunicación y creatividad, se transforman progresivamente en cementerios luminosos, dominados por discusiones, insultos y emociones manufacturadas. En este nuevo paisaje digital, los humanos pierden protagonismo y control, mientras los algoritmos dictan la experiencia de navegación, dejando una reflexión inquietante: ¿estamos conectados con otros seres humanos o solo con máquinas que nos imitan?

Fuente: Pagina12.com.ar