Durante años, el control del colesterol se centró principalmente en dos indicadores: el colesterol LDL, conocido como “malo”, y el HDL, considerado “bueno”. Sin embargo, especialistas internacionales comenzaron a poner el foco en un tercer tipo menos conocido pero potencialmente más riesgoso: el colesterol remanente.
Según un informe publicado por la revista científica Science Focus, este tipo de colesterol puede pasar desapercibido en análisis habituales y estar presente incluso en personas con niveles normales de LDL y HDL, aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

El colesterol remanente se origina a partir de partículas grasas llamadas quilomicrones y lipoproteínas VLDL, encargadas de transportar triglicéridos en la sangre. Cuando estas partículas entregan su carga de grasa, dejan un residuo altamente concentrado en colesterol que, si el organismo no logra eliminar correctamente, comienza a acumularse en las arterias.
Los especialistas explican que estas partículas pueden contener hasta 40 veces más colesterol que una partícula LDL tradicional, lo que las convierte en una amenaza importante para la salud cardiovascular.
Cuando el colesterol remanente se deposita en las paredes arteriales, provoca inflamación y formación de placas de grasa que endurecen y estrechan las arterias. Esto puede derivar en infartos, accidentes cerebrovasculares y otras enfermedades cardiovasculares graves.
El profesor Børge Nordestgaard aseguró que “el LDL es el malo, pero el colesterol remanente es aún peor”, advirtiendo que durante muchos años este marcador fue prácticamente ignorado por gran parte de la medicina.
Distintos estudios internacionales mostraron que las personas con niveles elevados de colesterol remanente y triglicéridos tienen hasta el doble de riesgo de morir por enfermedades cardiovasculares. Incluso, investigaciones recientes detectaron que muchos pacientes con colesterol LDL controlado seguían presentando alto riesgo debido a este tipo de colesterol oculto.
Los especialistas recomiendan prestar atención especialmente a los triglicéridos, ya que son el mejor indicador indirecto del colesterol remanente. Valores superiores a 150 mg/dL comienzan a considerarse elevados.
Para reducir el riesgo, los médicos aconsejan adoptar hábitos saludables como disminuir el consumo de azúcares y harinas refinadas, moderar el alcohol, mantener un peso adecuado y seguir una alimentación de estilo mediterráneo rica en aceite de oliva, pescados, frutas secas, legumbres y verduras.
Además, remarcan la importancia de realizar controles médicos periódicos y consultas profesionales para detectar a tiempo factores de riesgo que muchas veces no aparecen en los análisis convencionales.
Fuente: Infobae





