Un informe reciente volvió a poner en el centro del debate global a las llamadas “tierras raras”, un grupo de 17 elementos metálicos que resultan esenciales para el funcionamiento de gran parte de la tecnología actual. Su uso crece de manera sostenida en sectores estratégicos como la energía eólica, la aviación, la telefonía móvil, la industria militar y los vehículos eléctricos e híbridos, debido a sus propiedades únicas.
Las tierras raras forman parte del conjunto de los denominados “minerales críticos”, junto a otros materiales como el litio, cobalto, níquel, manganeso y grafito. Aunque no son necesariamente escasas en la naturaleza, su extracción y procesamiento es complejo, y actualmente China domina gran parte de la producción mundial, lo que las convierte en un recurso geopolítico clave.

Según el grupo de investigación francés Cercle CyclOpe, la producción mundial en bruto de tierras raras aumentó de 220.000 toneladas en 2019 a 390.000 toneladas en 2024, lo que representa un incremento del 77 % en solo cinco años. Dentro de este grupo, cuatro elementos concentran la mayor parte del valor económico: neodimio, praseodimio, disprosio y terbio.
Estos elementos son fundamentales para la fabricación de imanes permanentes de alta potencia, especialmente los imanes de neodimio-hierro-boro, que son hasta diez veces más potentes que los convencionales, pero mucho más pequeños y livianos. Gracias a estas características, se utilizan en aerogeneradores, donde un solo generador marino puede contener hasta una tonelada de tierras raras magnéticas.
La aviación es otro de los grandes consumidores. Cada avión de combate F-35 requiere más de 400 kilogramos de tierras raras, mientras que empresas como Lockheed Martin utilizan samario para fabricar imanes capaces de soportar temperaturas extremas. Además, elementos como el escandio se emplean en aleaciones livianas y resistentes para la industria aeroespacial y equipamiento deportivo de alta gama.
En la vida cotidiana, las tierras raras están presentes en todos los teléfonos inteligentes. Mejoran la calidad de las pantallas, permiten la vibración del dispositivo y optimizan su funcionamiento. Cada celular contiene alrededor de tres gramos de estos elementos, lo que implicó más de 3.700 toneladas utilizadas en los 1.240 millones de teléfonos vendidos en el mundo durante 2024.
Los vehículos eléctricos e híbridos también dependen fuertemente de estos materiales. Cada motor puede contener entre 1,2 y 3,5 kilogramos de tierras raras, mientras que incluso los autos con motor de combustión las utilizan en convertidores catalíticos, donde el lantano y el cerio ayudan a reducir las emisiones contaminantes.
Además, estos elementos cumplen un rol clave en industrias tradicionales y de alta precisión. El cerio se usa en el refinado de petróleo, el pulido de vidrio y hasta en piedras de encendedores. El erbio tiene aplicaciones médicas en odontología, dermatología y oftalmología, y junto al neodimio es fundamental en la fabricación de láseres industriales y espectáculos de luces.
“Al combinar distintas tierras raras se modifica la longitud de onda del láser, su color y su uso”, explicó Damien Ambroise, especialista en energía de la consultora francesa Bartle. Esto permite desde cortes industriales de alta precisión hasta efectos visuales en eventos artísticos.
En un contexto de transición energética y digitalización acelerada, las tierras raras se consolidan como materiales estratégicos del siglo XXI, indispensables para la innovación tecnológica, pero también protagonistas de crecientes tensiones económicas, ambientales y geopolíticas a nivel mundial.
Fuente: Infobae.com





