Cada vez más investigaciones respaldan una idea que hace algunos años parecía secundaria: la alimentación puede desempeñar un papel importante en el comportamiento, la concentración y el bienestar emocional de los niños con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

Aunque los especialistas coinciden en que el TDAH tiene un origen multifactorial, donde intervienen factores genéticos, neurológicos y ambientales, diversos estudios han encontrado que ciertos hábitos alimentarios pueden contribuir a mejorar o empeorar algunos de sus síntomas.
La relación entre alimentación y funcionamiento cerebral es directa. El cerebro necesita un suministro constante de nutrientes para regular procesos tan importantes como la atención, el control de impulsos, la memoria y el estado de ánimo. Cuando predominan alimentos ricos en azúcares, harinas refinadas y productos ultraprocesados, pueden producirse alteraciones en los niveles de energía que afectan el rendimiento cognitivo y el comportamiento.
Según explica la doctora Eileen A. Dolan, especialista en pediatría del desarrollo, algunos niños con TDAH parecen ser especialmente sensibles a determinados componentes de la alimentación.
“Algunos niños con TDAH son más susceptibles al azúcar o a los aditivos alimentarios que otros niños. Esto puede reflejarse en cambios de comportamiento casi inmediatos”, señala la profesional.
El problema de los picos de energía
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es el consumo frecuente de productos con alto contenido de azúcar.
Cuando un niño desayuna alimentos ultraprocesados, como barras azucaradas, cereales industriales o bebidas con azúcar, suele experimentar un rápido aumento de glucosa en sangre. Esa energía inicial puede generar una sensación momentánea de hiperactividad o excitación, seguida por una caída brusca que provoca cansancio, irritabilidad y dificultades para mantener la atención.
Por el contrario, desayunos compuestos por proteínas, cereales integrales y frutas permiten una liberación de energía más estable durante la mañana, favoreciendo la concentración y el aprendizaje.
Nutrientes que pueden marcar la diferencia
Entre los componentes alimentarios que más atención reciben por parte de los investigadores se encuentran los ácidos grasos omega-3, presentes en pescados como el salmón, las sardinas y el atún.
Diversos estudios sugieren que estos nutrientes participan en el desarrollo y funcionamiento del cerebro y podrían contribuir a mejorar algunos aspectos relacionados con la atención y la función ejecutiva, aunque los resultados aún continúan siendo investigados.
Las proteínas también ocupan un lugar importante. Alimentos como huevos, carnes magras, legumbres y lácteos favorecen la producción de dopamina, un neurotransmisor estrechamente relacionado con la atención, la motivación y el autocontrol.
Asimismo, los carbohidratos complejos presentes en avena, arroz integral y panes integrales proporcionan energía sostenida, evitando los altibajos que suelen generar los azúcares refinados.
La importancia de la hidratación
Otro factor frecuentemente subestimado es el consumo de agua.
Numerosas investigaciones muestran que incluso una deshidratación leve puede afectar la memoria, la atención y el estado de ánimo. En niños con TDAH, mantener una hidratación adecuada puede contribuir a mejorar el rendimiento escolar y la estabilidad emocional.
Por esta razón, los especialistas recomiendan priorizar el agua por sobre las gaseosas, jugos industrializados y bebidas azucaradas.
Colorantes y aditivos bajo la lupa
En los últimos años también crecieron las investigaciones sobre el impacto de determinados colorantes artificiales y aditivos alimentarios.
Algunos trabajos científicos han observado que ciertos colorantes, como el Amarillo 5 o el Rojo 40, podrían asociarse con un aumento de conductas impulsivas en algunos niños sensibles. Aunque la evidencia todavía no es definitiva, muchos profesionales sugieren reducir la exposición a estos componentes como parte de una estrategia integral de cuidado.
Un complemento, no un reemplazo
Los especialistas son claros en este punto: la alimentación no reemplaza los tratamientos médicos, psicológicos o pedagógicos indicados para el TDAH.
Sin embargo, una dieta equilibrada, rica en nutrientes y baja en productos ultraprocesados puede convertirse en una herramienta complementaria para mejorar la calidad de vida de los niños.
Cada vez más investigaciones muestran que el cerebro y la alimentación mantienen una relación mucho más estrecha de lo que se pensaba. Por eso, promover hábitos saludables desde la infancia no solo contribuye al crecimiento físico, sino que también puede ayudar a potenciar la atención, el aprendizaje y el bienestar emocional de quienes conviven con este trastorno.
Fuentes científicas
• PubMed – “The Influence of Components of Diet on the Symptoms of ADHD in Children”.
• The Lancet – “Effects of a Restricted Elimination Diet on the Behaviour of Children with Attention-Deficit Hyperactivity Disorder (INCA Study): A Randomised Controlled Trial”.
• Declaraciones de la Dra. Eileen A. Dolan, especialista en Pediatría del Desarrollo.





